Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta El cazador moderno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El cazador moderno. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de febrero de 2012

Goa, el cazador moderno y otros hominidos visitan la isla de los monos.

     El cazador moderno [metamorfoseado en Gregorio Samsa Eritema] duerme con otros dos hominidos modernos en una tienda de campaña suiza en el hostal "La vaca sagrada", Goa. Originarios de Britania, concretamente de Clausentum, son remeros y lucen poderosos organismos, muy evolucionados para este periodo geologico.

     Despues del desayuno frugal, constituido por patatas [en minusculos trozos], arroz y cientos de exquisitos insectos que todos [excepto Gregorio Samsa Eritema, logicamente por parentesco] confundieron inexplicablemente con granos de comino, y una limpieza bucal, encaminaron sus estrepitosos pasos, cargando sus utiles de hueso y cantos bifaces [revolucion paleolitica en la region], hacia el lugar donde el dia anterior habian divisado manadas de bisontes al atardecer. La playa de fina y limpia arena castaña, se prolongaba intermitentemente durante unas cinco millas. A lo largo del tramo septentrional cientos de restaurantes, puestecitos, tiendas, locales, bares y cafeterias [maquilladas siempre con la caracteristica apariencia india ofrecida al turista neonlitico] regurgitaban las multiples posibilidades gastronomicas.

     Acostumbrados a las frias aguas circundantes del hogar natal, encontraron necesario sumerguirse en el oceano Indico y disfrutar calmadamente unos minutos de la tibia sensacion, teniendo en cuenta el futuro hostigamiento carnico... quizas no dispongan del tiempo necesario para comprobar que tipo de mar les rodea una vez comenzada la caza.

     Y como siempre pasa cuando se encuentran hominidos de diversas procedencias [sin ser precisa la fuente originaria de la idea] la necesidad de probar fuerzas eclipsa cualquier otro comportamiento. El objetivo de la inmersion se fue diluyendo y se transformo en quien de los primates presentes era capaz de llegar a nado hasta la cercana "Isla de los monos"...

     Isla de los monos retumbo en la cabeza de Gregorio con rancio eco. Otra vez.

     Y si, con un desgarrador sol aniquilador y sin probar real bocado, los tres mentalemente no desarrollados mandriles fijaron su esfuerzo vital en alcanzar una porcion de tierra ya descubierta y [en el fututo seran documentados al respecto] accesible via terrestre. Y alli estaban, en medio del mar Indico, James, practicamente albino y con similar alzado que Hugh Grant, Alex, moreno y de torso Taylor Lautner, con Gregorio epidermicamente inflamado, nadando e intercambiando rugidos incomprensibles entre brazada y brazada. Un sueño humedo para cualquier quinceañera felizmente cumplido, sin desearlo, por el joven Eritema.

     Alex, recien graduado por la Universidad de Cambrigde, opto por volver a la playa. Ligero gesto con la cabeza, y sin drama alguno se tumbo confortablemente sobre la arena. Con toalla. Se puso las gafas de sol y deboro un Toblerone. Los otros dos antropoides, nadaron durante algo mas de una hora y media. Paralelos a la costa. Uno al lado del otro. El oleaje no permitia desarrollar bien los ciclos completos de brazos y la respiracion, asi que resultaba caricaturesco ver dos manchas rojas, James empezaba a tener ese color cangrejo mitico entre albinos sajones sobreexpuetos, nadando a tramos para poder tomar aire.

     Y siguieron con la patada oscilante. Y lo hicieron convencidos de su necesidad.

    Acompañado del graznido de los cuervos sobre las cercanas palmeras Gregorio creyo escuchar las primeras notas de "Also sprach Zarathustra"... una paramnesia auricular... comprendio su nivel intelectual.

     ...

     Entendieron la necedad de su esfuerzo un segundo antes de pisar la pulcra arena de la estupida isla de los monos, paralelos a la costa, uno al lado del otro, donde encontraron a Alex mirando a otra pareja de antropoides desarrollando su particular enfrentamiento, provocado probablemente por la sofocante temperatura diurna. La fria nocturnidad no debia ser del gusto de los oponentes. Ni redoble de tambores, ni banda de musica, ni ramo de flores, ni paseo triunfal... intercambio de fluidos, todo el premio se reducia al intercambio de fluidos.

domingo, 9 de octubre de 2011

El cazador moderno

Como hominidae sapiens digitalis neonlitico masculino me veo obligado en muchas ocasiones a salir de caza. Normalmente la situacion queda solventada en el super. Hasta el momento ha habido de todo; lujosos supermarkets, [memorables los de Hangzhou, Bangkok o Georgetown], Sabecos a la española [por ejemplo en Siem Reap o Ko Pha Ngan] y tiendas calamitosas [inolvidable Battambang].

Sin embargo en Langkawi me force a conseguir alimento de verdad en vista de las exhuberantes y repletas palmeras. Asi que encamine mis pasos hacia el resort que mejores ejemplares tenia. Otee el horizonte y divise un jardinero encaramado a una escalera recolectando cocos. Otro, con cuidado, los apilaba a un lado del camino.

....

Una furgoneta.  Abajo el periscopio. Comienzan a cargar. Levanto la mirada. Finalizan. Suben al vehiculo. Se alejan. Por lo menos la mitad del tesoro. permanece esparcido entre tumbonas y sombrillas. Detras de una hamaca con ruso [la rusa despanpanante esta dandose un agua en el mar], espero el momento perfecto. La camioneta se pierde entre las cabañas del resort y ante la mirada perpleja del sovietico me acerco a mi presa, que no percibe mi presencia.

Me agacho, apoyo las manos en la arena y haciendo exactamente el mismo gesto que el primate al inicio de "2001, una odisea en el espacio" [en mis oidos, simbolicamente, "Asi hablo Zarathustra"] comienzo a golpear el coco con una piedra gruñendo .

Y alli, feliz, volviendo a mis origenes, esperando que un ser superior me ofrezca el raciocinio, algo llama mi atencion.

De un chalete [que no cabaña] del resort salen dos hominidos. Un muchacho de unos treinta con bañador, camiseta de rayas marrones y blancas y chancletas y una chiquilla de otros treinta, aunque no lo tengo muy claro porque avanza totalmente desdibujada de negro. Por supuesto me olvido de mi presa y comienzo a perseguirlos con profundo sigilo.

Curiosidad.

Caminan por la arena. El delante, como a dos metros,. Ella detras. Pasamos frente a varios restaurantes de playa, algunos baretillos con el inevitable Bob Marley tocando "No woman no cry" y los insufribles guiris [no tengo muy clara su nacionalidad] empezando a mamarse. Sigo a cuatro patas intentando no ser descubierto. He dejado de gruñir.

Ella le alcanza y comienzan a hablar. Se dan la mano. Por debajo de la vaporosa tela negra viste pantalones oscuros y unas zapatillas, con la suela muy gruesa, tambien negras.

...

Tras cerca de veinticinco minutos paseando, empiezo a sospechar cual es su destino. A lo lejos, distingo unas barcas a motor a las que van unidos unos paracaidas multicolor mediante una maroma. Una delicia. Como mi indiscreccion sapiens va en aumento, a su altura, y sin ningun decoro, miro lo que supongo es el bulto que ocupa su cabeza. No hay apertura para los ojos, que seguro tambien son negros. La tela sera mas fina en esta parte, cavilo.

...

Me detengo simulando interes por la actividad, para ver, como el habla con un malayo, que parece controlar el tema del divertimento. Llega a un trato. Parece que la curiosidad cavernicola va a quedar colmada. Pero no.

A camara lenta y con las ultimas percusiones de la Overtura de Strauss atronandome los oidos, la veo calzandose el arnes que va unido directamente a la campana de nylon. Otro malayo, detras, sin ningun tipo de proteccion, se agarra a los hilos y evita que el invento vuele. Le cuchichea algo. Ella, que desde mi punto de vista, ni siente ni padece, le responde. Hace un gesto y el fuera borda comienza la marcha. El moreno contrapeso malayo da un saltito y se sienta sobre una banda de tela deformada y descolorida de tal forma, que ambos quedan suspedidos durante un segundo a escasos metros de la orilla.

Recuperada la posicion de homo erectus los veo elevarse y distingo un ligero y oscuro chillido femenino en la aire.

La naturaleza sabia me recuerda que tengo que alimentar a la manada.